10 junio 2013

Enric Juliana

Leo en Jot Down una entrevista muy interesante a Enric Juliana, un peso pesado del periodismo catalán y catalanista al que, cuando leía La Vanguardia, seguía siempre que podía. La entrevista es profunda y variada, muy rica en matices y datos, muy interesante y culta. Y mansa. Juliana dice muchas cosas que más allá de su epicentro no pueden comprenderse. El entrevistador no hace mucho por aclarar esas cosas, parece dispuesto a que sea el propio Enric Juliana el que se dé cuerda a sí mismo y se explaye a gusto. Se me quedó corta, cosa que siempre me pasa con los artículos de esa gran revista, pero en esta ocasión por algunas de las frases que pronunció el entrevistado. Como éstas:

¿En Madrid te has tenido que justificar por escribir en un diario demasiado soberanista?
(...) Sí, en Madrid hay mucha gente, y gente de círculos políticos, económicos, profesionales… que consideran que La Vanguardia ha hecho una incursión demasiado profunda en el campo del catalanismo, y no lo entienden.

Porque, más allá del cariz de la consideración, La Vanguardia ha hecho bandera del soberanismo. Incluso rozando límites desconocidos hasta ahora. Otra cosa es que se pueda entender mejor o peor en según qué círculos, pero no iremos ahora a negar las portadas o los editoriales. Lo que yo no termino de entender es quiénes son los que dicen que es poco soberanista, y por qué. ¿Cuál es el fiel de la balanza de un mucho o un poco soberanista?

¿Te consideras catalanista?
Sí. Si me tuviera que definir de alguna manera me definiría catalanista.
¿Y cómo declinas tú ese catalanismo?
Bueno, es difícil. Yo creo que esto del catalanismo es un estado del alma. En Madrid a veces intento explicar que un catalán se puede levantar casi independentista e irse a dormir federalista, dependiendo de lo que pase a lo largo del día. (...) En el mundo español —y cuidado porque aquí podemos caer en los arquetipos— esto no se entiende muy bien: “al pan, pan, y al vino, vino”. Y si hemos decidido que somos una cosa, somos una cosa, dos cosas a la vez no puede ser. Pero por nuestra mentalidad se puede ser un poco dos cosas a la vez. (...) Y Cataluña es bastante así. El catalanismo es un poco esto: es un estado del alma, es una predisposición a tener el país como centro y referencia principal, pero es una cosa que se puede ir moviendo, puedes ir graduando las intensidades en función de cómo van evolucionando las cosas y en función también de lo que a ti mismo te pueda interesar. Pero claro, esto funciona bien cuando todo va bien. Cuando esto entra en un terreno más complicado, que es en el que estamos ahora, inmediatamente surge la gente que dice: “Escuche, esto no sirve, porque estamos siempre en el mismo sitio”. Y entonces es cuando aparecen corrientes de opinión, como está pasando ahora en Cataluña, que dicen “Esto del catalanismo es una gilipollez”. Ahora te diré algo que puede ser problemático: hay una corriente digamos catalana castellanizada: en este punto hay un cierto componente castellano que dice “al pan, pan y al vino, vino”. Pero lo dice en catalán. “Deixem-nos de collonades, aquí no hay otra solución que esta. Y además dictaminamos que la solución es esta y no tiene revisión”. Esto es muy castellano.
 
A fuer de ser sinceros, quizá habría que advertir al lector que, si yo tuviera que definirme de algún modo, podría decirse que soy españolista. Pero debo añadir el matiz (importante) descreído y cínico del que se dice anacionalista: no me remito a pasados gloriosos y polvorientos, no idolatro a españoles ilustres por el hecho de nacer en esta tierra, no los comparo con otros de otros lugares y les encuentro mejorías o exclusividades. No creo que mi país se distinga hoy por algo notable, ni hago bandera de ello, ni lo antepongo especialmente a los demás. Podría hacerlo. Podría usar los muchos argumentos mínimos que utiliza cualquier nacionalismo para remarcar sus loas y disminuir sus mueras. Pero elijo no caer en eso. Es decir, para entendernos, soy como el común del español. Ese que, para Juliana y sus arquetipos (en los que no quiere caer, aunque cae a gusto) gusta decir eso de "al pan, pan; y al vino, vino". Ese que impone (¡"dictamina", "sin revisión"!) por no saber hacer otra cosa mejor. No se me escapa que toda la parrafada anterior viene a explicar el confuso síntoma de ser y sentir del catalanismo, que no sabe ni de dónde viene ni hacia dónde va. No lo digo yo con gratuidad y buscando enfadar a nadie: alguien que se levanta independentista y se acuesta federalista (por no ir más lejos, que alguno habrá) no sabe lo que quiere. Lo que no necesariamente es malo, o negativo, o disminuye la importancia de su idea. Pero, desde luego, eso no va a convencerme de que sea mejor, o más fino, o con mayor sintonía con el alma que la de un español que no ha nacido en Cataluña ni la siente como su nación. Ni tampoco me convence el lado oscuro e impositor del que, no teniendo demasiado (o sí, según el caso) aprecio por la cosa común, al menos prefiere dejar las cosas como están. Que ese, que por no ser no es ni inmovilista, sea un carácter castellano.

Y entonces dice que el catalanismo "es un estado del alma" como quien es feliz o se siente amargado. Pero, atención, que "puedes ir graduando en función de lo que a ti mismo te pueda interesar". Lo ha dicho él, no yo, y de todos modos bien dicho está.
Puedo adivinar el sentir de algún paisano que no haya conocido esa tierra: eso parece decir que tiene más cara que espalda, que nos movemos por puro interés y que no escatimamos en procurar dolores de cabeza (o de corazón) si el interés nos lleva a hacerlo. Independentismo ahora porque interesa, quizá cuando escampe ya no interese tanto y entonces diremos que todo era un juego de presiones, y que sin rencores o si no diré que no me quieres.
Ah, el no nos quieren. También graduable, parece ser que dice.

De este modo, dada la diferencia, por definición, entre lo catalán y lo español (que, para él, es el mismo en Andalucía que en el País Vasco o en Baleares), el sentimiento catalanista es intrínsecamente superior al resto. No lo ha dicho así, por supuesto, y no porque no haya querido deslizar algún comentario que algún mal pensado pudiera definir como racista o supremacista (como la corriente catalana que, a fuer de querer imponer su visión, es castellanizada y, por lo tanto, menos catalana).

Hablemos de tu aportación a la “deriva soberanista”. ¿Es cierto que eres uno de los dos autores del famoso editorial conjunto de la prensa catalana de noviembre del 2009?
Sí, esto es algo que ha circulado tanto que no tiene demasiado sentido ponerse aquí a negarlo. A pesar de que tengo que repetir —ya lo he dicho alguna vez— que los editoriales son obras colectivas. El autor de un editorial es el diario que lo hace, en este caso los diarios que lo hicieron. Ahora, siempre hay algunas personas que tienen que poner la música, que lo tienen que poner en papel.
Aquel editorial fue un momento simbólico de inicio del actual momentum del soberanismo. ¿Era así como tú o el diario lo habíais pensado o se puede decir que se os fue un poco de las manos?
De vez en cuando vuelvo a leer el editorial, para saber dónde está todo, e incluso para saber dónde estoy yo mismo. Yo creo que aquel editorial era un editorial en el que básicamente había una advertencia hacia el mundo español de decir: escuche, esto está entrando en una fase que puede complicar mucho las cosas. (...) Y por lo tanto creo que el editorial tuvo impacto por dos motivos: primero que expresaba bastante bien el estado de ánimo realmente existente en Cataluña y segundo porque hizo que una parte del mundo español embistiera. Y el mundo español, cuando embiste, embiste de verdad. (...) Y los mecanismos de opinión de Madrid son fuertes, ya lo sabemos, aquello no es una broma. (...) Es uno de los momentos estelares del género editorial en España [risa].
¿Crees que aquel editorial contribuyó a generar la oleada soberanista de después o solo la previó?
Insisto, creo que lo que dio mucho relevo al editorial fue la reacción de los medios de comunicación españoles y su agresividad. Una de las características del mundo catalán es que es bastante reactivo: basta con que desde allá te señalen para poner todo el mundo en guardia. Entonces, posiblemente la gente consideró aquello en una medida más alta por el hecho de haber provocado aquella reacción. Si la reacción por parte de los medios españoles hubiera sido más reflexiva, de decir “no nos gusta que ustedes se expresen de este modo, esto lo vemos discutible, esto de los editoriales conjuntos no sabemos si es la praxis adecuada, pero de todas maneras nos hemos leído lo que ustedes dicen y nos parece que…”. Una reacción, podríamos decir, cívico-europea. Pero aquí muy a menudo se imponen unas tonalidades africanas y está claro que, ante esta reacción, la opinión pública catalana no se sintió identificada.

El editorial conjunto. Por si no lo recuerdan, los doce (12) periódicos catalanes de mayor tirada editaron el mismo día, 26 de noviembre de 2011, un editorial conjunto que llevaba por título "La dignidad de Catalunya". Parece ser que Juliana fue coautor y, como tal, comprendo a la perfección que trate de defender su legado y su obra.
Pero si analizamos los hechos con la debida frialdad, nos sale un hecho sin precedentes: la supresión completa de la disidencia, ni siquiera por una coma, de toda la prensa generalista de relevancia en Cataluña. No ocurrió nada igual nunca en España (y no me atrevo a ir más lejos) y sin embargo, para Juliana el problema no está en que doce periódicos renuncien a su libertad de expresión para, todos a una, plegarse a una sola voz. Para Enric Juliana el problema estuvo en la reacción suscitada. Desproporcionada. Agresiva. Y, atención a este énfasis:
Una de las características del mundo catalán es que es bastante reactivo: basta con que desde allá te señalen para poner todo el mundo en guardia.
Una característica que, por lo visto, los demás españoles imitamos bastante bien: no fue sino esto mismo lo que ocurrió tras la publicación del editorial. Pero para Juliana esto no es así, lo que él quiere decir en realidad es que la reacción española debería haber sido más "cívico-europea". Que, aduce en silencios, es exactamente el tipo de reacción que tienen los catalanistas.

Y aquí me paro a pensar. De acuerdo, imaginemos que, efectivamente, los catalanistas tienen ese prurito europeo más desarrollado que el resto. Y hagámonos eco, con toda la literalidad de las letras, de la reacción cívico-europea que deberíamos haber tenido. “no nos gusta que ustedes se expresen de este modo, esto lo vemos discutible, esto de los editoriales conjuntos no sabemos si es la praxis adecuada, pero de todas maneras nos hemos leído lo que ustedes dicen y nos parece que…”. ¿Qué hemos leído? ¿De qué iba el editorial? De "La dignidad de Catalunya". No de los catalanes que votaron a favor del nuevo Estatuto. No de los catalanistas. De Catalunya. En mi suponer, imagino que es tanta la costumbre de tomar el todo por la parte que ya no saben cuándo parar. Y me pregunto si eso es civismo, y si eso es europeo. Si lo es, tal vez sea cierto que Europa empieza en los Pirineos.
Pero me he quedado en el titular, y el editorial fue algo más que eso. Fue una verdadera llamada de atención sobre, a grandes rasgos, la legitimidad de Cataluña (iba a escribir "de los catalanes") de cambiar no sólo su relación con España, sino España misma y sin preguntar al resto si les parece bien cómo lo plantean. Decían "España es una nación de naciones", "Estado plurinacional" y cosas así, sin esperar a ver si alguien más le secundaba o no. ¿Es esa la praxis adecuada? Trataron de imponer su visión de España para encontrar el encaje, lo que no me parece mal en absoluto por intentarlo, pero sí por no esperar a ver qué opinábamos los demás sobre redefinirnos como "nación de naciones". A mí me hubiera parecido más práctico y adecuado haber tratado de consensuarlo primero y encontrar adhesiones o fórmulas que contentaran a todos. Pero como soy impositor y de tonos africanos, quizá lo vea desde un prisma antieuropeo y poco cívico.
A los catalanistas no les gustaba el modo en que nos expresábamos con la palabra España y su definición y lo veían discutible. Con todo el derecho. Consideraban que la Constitución no estaba lo bastante solidificada en algunos aspectos (praxis adecuada), se la leyeron y les pareció que... debían decirles al resto cómo tendrían que ser y llamarse a partir de entonces, con el permiso de Cataluña.
Para entendernos: sobrepasaron todos los máximos que se imaginaron alguna vez y los convirtieron en los nuevos mínimos. ¿Civismo europeo? Pues tal vez, porque lo ocurrido entonces adquirió "tonalidades africanas". Ahí es nada, damas y caballeros.

Las tonalidades africanas fueron, para entendernos, las catilinarias que en Madrid se redactaron por cómo se estaba manejando el asunto de la reforma estatutaria. Puro cabreo exasperado con el que, por supuesto, "la opinión pública catalana no se sintió identificada". Como para estarlo. Especialmente Enric Juliana.
Es decir, estamos de acuerdo en que no podían reformar la Constitución aunque muchos creyeran verlo así. Pero también deberíamos estarlo en que aspiraban a tanto como encajar inconstitucionalidades o, al menos, que éstas fueran pasadas por alto para que los catalanistas no se sintieran defraudados y decepcionados. Ellos y sólo ellos, porque el resto de españoles no tenemos por qué defraudarnos o decepcionarnos con lo que hagan o digan. Porque están en todo su derecho. Y nosotros, no tanto. Sí, sé cómo suena eso. Pero es lo que parecen decirnos siempre.
Sea por tonalidades africanas, por escaso civismo europeo, o por no tener el españoleo incrustado en el alma, el caso es que nosotros no podemos defraudarnos o decepcionarnos con los catalanistas y, además, debemos hacer todo lo posible para que ellos no se defrauden ni se decepcionen.

Y claro, uno se pregunta cuánto de español tiene cuando se ha decepcionado con los mismos catalanistas que en otros tiempos miraba con sana envidia y respeto. Debe ser mi mitad franco-alemana.

¿La consulta resolvería todo esto?
(...) Ahora te haré un paréntesis, si me lo permites. Yo ahora estoy en Barcelona, he venido un par de días. Y hacía tiempo que no lo hacía, pero estuve mirando TV3: en Cataluña todo es con objeto de bien, incluso los anuncios del agua mineral. Estaba viendo los informativos, las series… todo tiene una finalidad moral, pero es que incluso los anuncios: había un anuncio de agua mineral que decía que si bebes esta agua mineral haces una contribución a… Toda la sociedad catalana está impregnada de esto, es una de sus particularidades. Evidentemente esto forma parte de sus atributos nacionales, pero a veces a mí esto me provoca un cierto sufrimiento. (...)
¿La consulta conllevaría aún más riesgo de riscaldamento?
No. Pienso que la consulta sería una salida. En estos momentos es la solución. Si hoy me preguntaran “Usted qué haría para poder encontrarle una solución a la situación”, sería esto.
¿Qué votarías?
Ah, esta es una buena pregunta. Pues te respondería con lo que te he dicho antes: un poco a la italiana. (...)
Además se han apropiado de eso que decía Ortega y Gasset de “España como problema, Europa como solución”.
Sí, pero bien es verdad que empiezo a escuchar voces en Cataluña que dicen “y si en Europa nos ponen alguna pega, a tomar por…”. ¡Hombre! ¿Y entonces qué haremos? ¿Una especie de Montenegro? (...) Y otro factor relacionado con esto que tenemos que tener en cuenta es que esto de Cataluña es mucho más importante que lo de Escocia. Solo hay que mirar un mapa. (...) Pero si tú te echas al mar en Escocia y vas nadando arriba solo hay mar. Lo primero que te encontrarás son bacalaos, y después las costas de Islandia. (...) Y una de las ciudades más importantes de esta área, junto con Roma y Atenas, es Barcelona. (...) La situación catalana, si miras el mapa, ves en seguida que es más complicada.

¿Se lo han leído entero? ¿Han llegado a una conclusión palpable? Si no lo han hecho, no se preocupen. No le ocurre nada a su comprensión lectora, es que Enric Juliana no quiere responder a la pregunta con respuestas directas y concisas. No quiere, porque no puede hacerlo. Porque ni él mismo conoce la respuesta. Por momentos parece incluso como si quisiera enterrar bajo losas de mármol todo este feo asunto del independentismo.
Y esta parte para mí es crucial:
en Cataluña todo es con objeto de bien, incluso los anuncios del agua mineral. Estaba viendo los informativos, las series… todo tiene una finalidad moral, pero es que incluso los anuncios: había un anuncio de agua mineral que decía que si bebes esta agua mineral haces una contribución a… Toda la sociedad catalana está impregnada de esto, es una de sus particularidades. Evidentemente esto forma parte de sus atributos nacionales
Etnocentrismo a raudales, oigo decir al fondo. "Todo tiene una finalidad moral" es un arma de doble filo peligrosa. Aún estoy buscándole el "objeto de bien" y la "finalidad moral" que tiene el simposio "España contra Cataluña" o doblar al catalán las películas españolas. Enfádense si quieren, damas y caballeros adalides del catalanismo, no voy a arrebatarles ese derecho. Pero alguien como yo (que, siendo de fuera, conoce bien el dentro) lee estas frases un par de veces y palabras gruesas se escapan sin querer de mi boca.
Es decir, no es sólo que todo esto (que "todo tiene una finalidad moral") forme parte de los atributos nacionales de Cataluña y toda la sociedad catalana está impregnada de esto y es una de sus particularidades. Es que además es evidente. Jo-der.
Tanta murga con la solidaridad. Tantas horas de texto y discursos sobre el expolio. España ens roba. Y resulta que no, que hasta las marcas de agua mineral hacen contribuciones a whatever y toda la sociedad catalana está impregnada de esto, y es precioso y maravilloso y somos especiales.
Y comprendo, porque lo comprendo, que no es lo mismo contribuir a algo que lo merece que contribuir a algo que lo merece, pero algo menos. Que del mismo modo que uno puede estar inclinado a compartir porque tiene más para dar, tampoco tiene por qué haber alguien que lo reclame y además se empecine en seguir sin conseguir más por su cuenta. Que tanto se da si se llama Andalucía o Extremadura como Lleida. En serio. Pero jo-der.
¿Dinamarca? ¿Massachussets? No, la Casa de la Pradera. Con razón se quieren independizar, si es que estamos privando al mundo del país más increíble que se haya podido concebir. Porque se quieren independizar, ¿verdad?
Bueno. Según. Depende.
Porque Europa ahora mismo no está en su mejor momento. Y a lo mejor de aquí a unos años la Unión Europea ya no es un buen invento ni interesa estar bajo su paraguas. Aunque a lo mejor sí.
Y lo que yo creo es que en estos momentos el planteamiento soberanista o independentista catalán tiene un problema, que es que no sé si responde bien a esta pregunta de fondo. Responde de una manera como reactiva e inmediata: “lo que está pasando no me gusta y tengo algunos datos que me permiten suponer que si nosotros fuéramos por nuestra cuenta algunas cosas nos irían mejor”.
Ya hemos acordado que el catalanismo (perdón, todos los catalanes) son reactivos. Pero como también se puede "graduar en función de sus intereses" y "todo es con objeto de bien y tiene una finalidad moral", la conclusión es que el Barça jugaría la Liga de la Península Ibérica. Y el ejército se podría reclutar del español o pedirle protección a Francia. Y que la Flota china se encargue de los asuntos del mar. Y que Cercanías pase a manos de SNCF. Son ejemplos reales que Enric Juliana no ha sacado a colación, pero eso no quiere decir que otros de igual o mayor calado no lo hayan dicho. Lo que Enric Juliana sí ha dicho es esto:
Es decir, que del África austral hacia arriba todo es una cadena de problemas. Y una de las ciudades más importantes de esta área, junto con Roma y Atenas, es Barcelona.
Con dos cojones.
Atenas, Roma, Barcelona. Aunque lo parezca, no son ciudades al azar. Atenas es la cuna de la civilización europea. Roma, la vieja Urbe Condita. Y Barcelona... bueno, es Ciudad Condal. Se parece a Condita.
Olvidémonos de los puertos. De Génova. De Valencia. De Marsella. De Algeciras. Olvidémonos del peso económico e industrial o el cultural. De Milán o Turín o de Lyon que, como Roma, tampoco tienen salida al mar. Por descontado, olvidemos Madrid. El eje es Atenas-Roma-Barcelona. Vale que Barcelona no es precisamente un poblacho y que su peso económico, industrial y cultural es inmenso. Nadie se atrevería a negar tal cosa, pero... ¿Atenas-Roma-Barcelona? ¿En serio?

Y, por supuesto, lo de Escocia y su particular búsqueda de independencia es una cosa menor, un asuntillo de familia entre britanos. ¿Qué tienen, los escoceses? ¿Peces? ¿Whisky? ¿Rocas? ¿Algo de petróleo? Por favor. Cataluña sí que es importante. Palabra de Enric Juliana.
La situación catalana, si miras el mapa, ves en seguida que es más complicada.
Que no le negaré la mayor y le restaré importancia a la región mediterránea, por supuesto. Pero da la sensación de que necesita concederle a Cataluña y su situación más crédito a costa de quitárselo a Escocia y el mar del Norte. Por si hiciera falta.

Con todo, lo que más me llama la atención es toda esa incerteza a la hora de deshojar la margarita de la secesión. Del dudo, quizá me atreva o tal vez no. Es indiscutible que este pensamiento es del todo razonable, pero no parece tener en cuenta la opinión de quien se pudiera sentir afectado por ella. Usando un símil parejil, vendría a ser el que no sabe muy bien si seguir con su pareja o separarse, en función de cuánto frío hace fuera o si tiene a alguien esperándole. Desde el punto de vista del que se plantea separarse tiene sentido y es moneda corriente. Desde el punto de vista del otro, es profundamente egoísta además de peligroso: al final suele ser éste quien acaba forzando la separación. No es una amenaza. Por no ser, ni siquiera es honorable. Pero sucede.

Una pregunta sobre el efecto de la crisis en la política de los diferentes países del sur de Europa: en Grecia ha aparecido Syriza (bueno, y Amanecer Dorado), en Italia el Movimento 5 Stelle. ¿Por qué en España no acaba de aparecer una alternativa política frente a la crisis del bipolarismo?
Tampoco ha salido en Portugal, por ejemplo, y Portugal está muy mal… (...) Aquí todavía hay mucha gente que cree que esto se puede arreglar. Y atención, el soberanismo catalán y el independentismo catalán participan de esto. A veces explico en Madrid que el soberanismo catalán es la rama más excéntrica del reformismo español. (...) Y esto hay gente en España que lo ha entendido. Pero claro, hay una parte importante que si les mencionas la cuestión catalana se ponen como una moto inmediatamente, eso está claro. Otros lo viven con dolor, y desde Cataluña también se tendría que reflexionar un poco sobre esto. Hay una parte de la sociedad española excitada por los medios de comunicación, por las facciones más irresponsables de la política, y cuando sale el tema de Cataluña, ya la hemos liado. Otra parte lo vive con dolor, porque le sabe mal, mal de verdad. No el solo hecho de que el país se pudiera fragmentar, sino porque el hecho de que haya una parte consistente de la sociedad catalana que quiere esto, que ha llegado a esta conclusión, los entristece. Porque en el fondo les hace entender que algo se ha hecho mal. Y a la vez porque supongo que también entienden que esto no es fácil de reparar, si es que no es directamente imposible repararlo. (...)

Para mí, esta es una de las partes más brillantes de Enric Juliana. Y en contra de mi habitual cinismo, lo escribo completamente en serio.
A veces explico en Madrid que el soberanismo catalán es la rama más excéntrica del reformismo español.
Brillante. Y cierto, lo es. Lo veo cuando es el independentismo el que se encarga de arreglar el país (España en este caso) diciéndonos cómo deberíamos organizarnos o qué tipo de gastos podríamos compartir. Con su prisma, claro. Y su etnocentrismo. Y todo el egoísmo del que puedan hacer gala, que a fin de cuentas se trata de arreglar el mundo, no de hacerlo realidad. Pero de aquellas perlas se sacan lecciones valiosas que pueden servir para llegar a un modelo de convivencia más convincente. Al menos, hasta que los habituales consideren que la etapa está consumida y escalen un peldaño más. Pero ya les conocemos. O deberíamos. O deberían ellos mismos. Porque, si de la independencia final se trata, quizá sería más honrado salir y decirlo sin ambages y sin complejo, tipo ERC, en lugar de amagando sin dar como (hasta ahora) hacía CiU o sigue sin hacer ICV o el PSC. Sí, he escrito PSC y lo he puesto en la categoría "partidos que podrían ser soberanistas... si saben cómo". Ya lo hablaremos otro día. Con un programa netamente independentista desde el principio, todos sabemos a qué atenernos.
Pero claro, hay una parte importante que si les mencionas la cuestión catalana se ponen como una moto inmediatamente, eso está claro. Otros lo viven con dolor, y desde Cataluña también se tendría que reflexionar un poco sobre esto. Hay una parte de la sociedad española excitada por los medios de comunicación, por las facciones más irresponsables de la política, y cuando sale el tema de Cataluña, ya la hemos liado. Otra parte lo vive con dolor, porque le sabe mal, mal de verdad. No el solo hecho de que el país se pudiera fragmentar, sino porque el hecho de que haya una parte consistente de la sociedad catalana que quiere esto, que ha llegado a esta conclusión, los entristece. Porque en el fondo les hace entender que algo se ha hecho mal. Y a la vez porque supongo que también entienden que esto no es fácil de reparar, si es que no es directamente imposible repararlo.
Algo se ha hecho mal, sí. Y podríamos pasarnos la noche haciendo listas de errores, malentendidos, desafecciones y deslealtades. Pero no puede culpar demasiado a los españoles de su torpeza, señor Juliana. Ustedes mismos han estado años regateando sus propias aspiraciones y ocultándolas del escrutinio público. Hasta anteayer, CiU jugaba el papel de pactista y Durán i Lleida quería ser ministro a toda costa. Y entonces llegó el Estatuto y el choque con la realidad: no fue sólo cosa de ustedes, no.
De pronto nos dimos cuenta, demasiado tarde, que nunca se darían por satisfechos. Que el problema catalán no era un problema de encaje, sino de plazos: cuándo se irían, cómo y en qué estado nos dejarían. Con la redacción del Estatuto quedó patente y nos asustamos.
Se hizo mal, pero ¿se pudo hacer mejor? Desde el punto de vista español, ¿se podía hacer otra cosa que lo que se hizo? Entiendo que puede ser difícil desprenderse del sentimiento macerado durante décadas y ponerse en la piel del otro en un momento dado, pero creo que llegado cierto punto de no retorno como parece que es el ahora, estará de acuerdo conmigo en que era bastante difícil haber hecho mejor las cosas dentro de lo peor que estaban.

Pero, don Enric, deberían ahondar más y mejor en algunas de las soluciones. Porque leo y escucho a algunos independentistas describir su próximo Estado de Europa y no termino de comprender en qué mundo creen que viven.
¿Es normal ese optimismo lindante con soberbia mal entendida?
No me malinterprete, no es que dijera nada en esa entrevista que me resultara extravagante. Pero debería conocer lo que furibundos independentistas de racó (o federalistas, según toque) intentan disponer, quizá como burla o incluso me atrevería a sugerir un punto de provocación, propio del que se siente con la sartén por el mango.
Le presento, con trazos gruesos, el caso del Fútbol Club Barcelona.
Como ya sabrá, Sandro Rosell dijo hace unos meses en plena resaca post-Diada, que el Barça jugaría la "Liga de la LFP" aún si Cataluña fuera independiente. No lo dijo un aficionado ansioso por no perderse los Clásicos, ni lo sugirió un empleado de la Federación Española de Fútbol. Lo dijo el mismísimo presidente del Barcelona. Y añadió, como ejemplo que sirviera de guía, el caso del Mónaco en Francia.
Como quiera que la reacción suscitada a cuenta de aquellas declaraciones restaban cualquier credibilidad al ansia independentista (y con razón, tendrá que admitirlo), el propio alcalde de Barcelona, Xavier Trías, despejó balones añadiendo Francia a la lista de entusiastas candidatos a acoger al Barcelona. Incluso hubo quienes barajaron otras ligas como la inglesa o la italiana. Puestos a soñar, por qué no a lo grande.
Y las preguntas se me acumulan. Si jugaran en Francia el AS Mónaco, el ejemplo al que se aferran, es un recién ascendido a la Ligue 1 que tendría que volver a Segunda para hacerle sitio al Barcelona. No creo que a los monegascos les apetezca quedarse en Segunda después de haber fichado a Falcao, ni que les utilicen como ejemplo si les van a perjudicar.
Podría ser que en Francia hicieran como en aquel año que la Liga tuvo 22 equipos, pero entonces el SM Caen, el cuarto clasificado en la Ligue 2, reclamaría no sin cierta razón que, puestos a ampliar el número de equipos, mejor los de casa primero. Ya conoce a los franceses.
Es que, claro, me imagino que el Barça no aceptaría jugar en otra liga si no es en Primera División, con los mejores, pero en todos los casos habría un equipo local que vería injusto ese privilegio.
Porque no van a hacer como el refundado Glasgow Rangers y empezar desde las divisiones más bajas. Que, por cierto, parece que han tenido una idea parecida a la del Barça. Y puestos a elegir entre Escocia y Cataluña, creo que a la Premier League no le quedarían muchas dudas. Claro que nunca se sabe.
Dan la sensación, tan típica de la euforia desmedida, de que cuando les inviten a jugar con ellos (porque algunos creen que lo harán, vaya si lo harán) ya casi les darán el título de campeón sin bajarse del autobús. Porque el Barça es un club histórico que, qué duda cabe, no merece jugar en una liga menor y poco competitiva como la que resultaría en una Cataluña independiente. Y yo me pregunto, ¿por qué no? ¿No es un poco paradójico? ¿No parece algo despectivo rechazar la liga propia como poco competitiva?


Lo sé, comparado con otros temas el del fútbol son minucias, momentos puntuales de pasión mal entendida. Pero si tengo que obedecer sus palabras, si todo tiene "un objeto de bien y una finalidad moral", entonces no he entendido el mensaje.
Quizá es que soy muy castellano.

Edición 12/06/2013: He recortado algunos fragmentos de la entrevista para aligerar el texto.

6 comentarios:

  1. Anónimo11:19 p. m.

    Eres un nacionalista ejpañó i no conoces Catalunya, però pronto os librareis de nosotros.
    Adeu, Espanya! ||*||

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  2. Respuestas
    1. He intentado ser lo más breve posible, difícil cuando se trata de Jot Down.

      Resumen: Enric Juliana dice cosas. Pero habla más con lo que calla.

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  3. Anónimo10:02 a. m.

    Sentimientos a parte, hay algunas cosas que creo que son innegables:

    * El nacionalismo catalán ha sido democráticamente impecable. Sí, ya se que hace cuarenta años hubo un grupo radical, pero en ese momento qué ideología no tenía un grupo ultra? (cuantitativamente mejor no entrar en datos).

    * El catalanismo (e incluso el catalán sin más) tiene que aguantar a diario comparaciones de su pueblo con regímenes fascistas, nazis...Después de haber vivido 30 años en Cataluña sólo puedo decir que esas afirmaciones responden a campañas guerracivilistas, basadas en aquello de que "una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad". Curiosamente los que llaman nazis a los catalanistas, son los mismos que luego defienden homenajes a la división azul o que no son capaces de condenar una dictadura fascista que consiguió el poder en España en colaboración con los nazis (estos sí, los de verdad).

    * Cualquiera que dedique un rato a hacer un análisis con un mínimo de rigor entre los medios catalanes y los españoles (me permito destacar a telemadrid, 13tv, Intereconomía, La Gaceta, Periodista Digital) creo que llegará a conclusiones bastante claras. Cuando el insulto y la amenaza (bastan 5 minutos de intereconomía para escuchar alusiones a la intervención del ejército en Cataluña) se convierten en el argumentario, creo que poca razón se puede tener.

    * La brutal campaña de desprestigio de Cataluña por parte de la derecha más rancia junto con la poca inversión en educación que se hace en este país, hace que hasta para gente de izquierdas, hasta para gente que ha sufrido el franquismo en primera persona o cuyos abuelos han sido reprimidos por ese régimen, reaccionen de una manera mucha más violenta ante una estelada (o simplemente una bandera catalana) que ante una bandera franquista. Este asunto es especialmente doloroso.

    * En el ultranacionalimso español existen grupos radicales, violentos y que actúan de manera contínua (con bastante permisividad por parte de las autoridades). Os puedo asegurar que eso no existe en Cataluña! No encontraréis grupos de ultras catalanes que se dedican a ponerse cachas en los gimnasios y a aprender artes marciales varias para luego los fines de semana poder ponerlo en práctica contra lso del otro bando. ¡¡¡No existe!!

    * El mensaje independetista es coherente: "¡¡No queremos ser españoles!!". Queremos un estado propio, en el que nos sintamos realmente representados e identificados y organizar nuestros propios recursos. Punto. Desde el centralismo hay que aguantar soflamas como : "¡¡Tú eres español y si no te gusta te jodes!!", "Boicot a los productos catalanes", "¡¡¡España campeona del mundo!!!", "¡¡Quiero que pierda el Barça por que no son españoles!!", "Ahora quieren ayuda de España, que se jodan!!!" (esto se veía por todas partes en los incendios de hace un par de años que vinieron bomberos de fuera de Cataluña). O sea que somos españoles para les conviene y un país independiente cuando les interesa.

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  4. Anónimo10:02 a. m.

    (Continuación....)

    * Las políticas lingüísticas en educación en Cataluña llevan siendo las mismas desde hace 30 años. Muchos treinta y (ya casi) cuarentañeros hemos tenido una educación 100% en catalán y nunca fue un problema. Desde hace unos años, por algún motivo, esto se ha convertido en un tema de estado, en una prioridad en la política, con una campaña contínua de ataques apelando a los mas sucios recursos. Luego resulta que ha habido una deriva nacionalista en Cataluña ¡no me jodas! Os puedo asegurar que hace 30 años, había mucho anticatalanismo en Cataluña. Muchas inmigrantes españoles renegaban de Cataluña de manera muy abierta. Sorprende ver como se ha invertido de manera radical esta tendencia y gente que entonces echaba pestes de este pueblo hoy lo defiende, consciente de que todo lo que se dice desde fuera es simple y llanamente falso.

    En fin la lista de motivos de hartazgo de gran parte de la población catalana es larga, pero no se transmiten al resto de España. A lo mejor el autor es un español de bien, que no se mete con nadie, que le gusta España en su justa medida, definiendo adecuadamente la línea que separa el exceso del defecto. Pero la realidad es que el radicalismo y la violencia (verbal y real) viene de esa España rancia que todavía sigue anclada (de hecho de un tiempo a esta parte se han reavivado) en valores de hace 50 años.

    Creo que el Anónimo de las 11:19 lo ha resumido algo mejor que yo: "Pronto os libraréis de nosotros" y añado "y no tendréis que aguantar a estos catalanes que somos tan malvados!!!"

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  5. Esto ya es irreconciliable. El autor se ha limitado a desgranar la entrevista a Juliana, de forma defensiva. No ha atacado a los catalanes, únicamente los postulados de Juliana. En símil futbolístico, ha jugado a la defensiva, sin buscar ofensa alguna. Y como respuesta se tiene que tragar vuestros reproches a la extrema derecha o a un sector concreto de la política que maneja unos medios, y dentro del cual se incluyen no pocos catalanes.
    Podríais haber aprovechado para decirle al autor si veis razón alguna en lo que expone. Y aunque la vieseis, seguiríais teniendo todo el derecho a querer la separación. Pero habéis optado por un Adeu teatral, o por contestarle como si él fuese un miembros de ese sector anticatalán al que he nombrado antes.
    Que sea lo que tenga que ser, pero que sea ya, porque la mayoría de los ciudadanos de este país de lo que estamos hartos es de vernos insultados, por los unos o por los otros.
    Y por cierto, espero, si Cataluña se separa, que no pretendáis que tengamos que quedarnos el resto de España con todos esos catalanes fascistas que ahora os atacan a los independentistas, pero que son eso..., catalanes; que la democracia y el estado de derecho también consiste en eso, en aguantar este tipo de individuos. A ver si vais a pretender endilgarnos vuestros fachas.

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