30 octubre 2008

Ingleses


Se dicen muchas cosas de los ingleses. Algunas buenas, muchas malas. Ciertas unas, incorrectas las demás.

Si dices que el típico inglés es alguien estirado y arrogante hasta lo insportable que jamás perdona su té de las cinco y que no sabe cocinar, caerás en el mismo error que aquellos que piensan que los españoles somos toreros que bailan flamenco, duermen siesta y comen paella. Sin embargo, los inventores del stiff upper lip -y del fútbol- sí poseen ciertos rasgos culturales que les hace parecer fríos y serios. Su humor, el inglés, es considerado por freaks y geeks por igual en el mejor ejemplo del "humor inteligente", pero por una razón muy sencilla: el humorista inglés jamás ríe. Mantiene la misma pose y cara que si estuviera contando la muerte de Nelson.

El hecho de haber sido la mayor potencia del mundo durante un siglo no hace tanto sin duda genera, en gente que no tiene sol y calor en abundancia, un pueblo que necesita recurrir a su historia para poder presumir de algo. No es una generalización, claro. Pero está ahí, en el ambiente. Si vas a Londres te encuentras con las modernidades típicas del siglo XXI-como la que más- pero al mismo tiempo entiendes que hay zonas, personas y actitudes que siguen ancladas en el siglo XIX, cuando la reina Victoria.

Uno de esos pensamientos decimonónicos es la animadversión atávica a todo lo que existe tras el Canal de la Mancha. Francia fue el némesis por antonomasia de los hijos de la Gran Bretaña, pero España es su coco particular. Se toman a guasa la Armada Invencible -apelativo que ellos mismos nos pusieron a modo de recochineo- pero tiemblan al imaginar qué hubiera ocurrido de no haber tenido el clima de su parte. Tampoco olvidan Trafalgar y la somanta de palos que nos dieron, cierto. Sólo que en ella murió su Nelson.
Y Cartagena de Indias sigue siendo la mayor derrota jamás cosechada por su flota. Una derrota que, por ley, estuvo prohibido enseñar y que aún hoy siguen sin hacerlo.
Por todo ello, a todo lo latino le tienen manía.

No lo digo gratuitamente. Yo he sido testigo directo de un cierto racismo de corte nacionalista que, sin un argumento convincente ni claro, me convertía en merecedor de desprecio -y alguna que otra pelea a golpes- por el mero hecho de nacer donde nací. Lo mismo nos pasa en casa a otros niveles, así que tampoco es nada especialmente singular. Pero llama la atención, de manera sorprendente, cómo tienden a mirarnos por encima del hombro.
Esto viene a cuento por las palabras que cierto entrenador escocés de cierto equipo de fútbol inglés dijo no sé qué de "equipo franquista" en referencia a cierto equipo madrileño. Palabras que, en boca de dicho entrenador, suenan a broma de mal gusto no tanto por el contenido de las mismas -precisamente, el Madrid no ganó una sola Liga ni Copa hasta el año 53, es decir, tras el período más duro del franquismo [lo que no implica que después fuera una bicoca]- sino por venir de quien viene: un tipo que lleva 22 años controlando con mano de hierro y con tintes totalitarios a un grupo de personas que no pueden decir una palabra más alta que otra.
_¿No es éste el que le partió la cara a Beckham con una bota de fútbol?
Ajá. Ese, sí.
_¿Ese que dice que Eric Cantona es uno de los poquísimos "no británicos" que demuestra lealtad a los colores de un equipo?
El mismo, aunque dicho así suena racista. Esperemos que no fuera ese el mensaje que quería transmitir.
_¿Y por qué hablar ahora de Franco? ¿Se aprovecha de la Memoria Histórica? ¿Le paga Garzón?
Se basa en ello a raíz de la polémica que suscitó durante el verano el posible fichaje de su jugador estrella, un portugués de Madeira que tiene pinta de acabar de divo. Supongo que hace referencia al ya célebre "caso Di Stéfano", porque no se me ocurre otro que tuviera miga.
_Sí, aquél es un caso peculiar. Pero el de Kubala también lo fue.
Hay teorías para todos los gustos, pero en todo caso sólo fue uno en 40 años. Él mismo fue a por un galés de 14 años llamado Ryan Giggs directamente a su casa. Le birló al Everton a su mejor jugador (Rooney), al Tottenham (Berbatov), al Leeds (Rio Ferdinand) y alguno más que me dejo en el tintero. Y no todos del modo más "limpio". Luego no es precisamente alguien que pueda dar lecciones.
Pero es que hay algo que no hemos tenido en cuenta y que le libra de toda posible crítica.
Y es que él es británico. Sir Británico, además.

29 octubre 2008

Expertos

A la gente, por lo general, le gustan los ránkings y las listas. Le interesa conocer qué o quiénes son [inserte aquí su adjetivo calificativo favorito] en algo.
Hay gente que se dedica a esos menesteres, a los que el resto debemos llamar "expertos".
Así, tenemos un listado sobre los mejores equipos de cualquier deporte. El ránking de los actores que más cobran. La clasificación de las vecinitas más buenorras. Los personajes de series más odiados. Las cinco mejores películas jamás rodadas en Thailandia.
Por tener, tenemos hasta un índice de popularidad para esa chusma que dice ser la clase dirigente.

Confieso que soy un admirador más de esas listas. Quitando la de los 40 Principales, que no se la cree nadie -¡¿Melendi, número 1?!- en general la idea de hacer esta clase de cosas para matar el rato de unos cuántos sirve para dar una posición en el mundo a todo.
Ahora bien... ¿quiénes son esos cuántos que parecen aburrirse tanto? ¿Dedican a algo más su tiempo libre? ¿Por qué su criterio vale más que, no sé, el de mi amigo M, que sabe un huevo y medio de música?
_Pero hombre, ¡me lo vas a comparar con Fernandisco!
O con el mítico Luqui ("¡tú y yo lo sabíamos!"), si total, se supone que los gustos son tan diversos como los colores Pantone.
_Pero el Real Madrid es el mejor club de fútbol del siglo XX.
¿Basándose en qué criterio? ¿En títulos conseguidos? ¿En espectáculo desplegado? ¿En dinero despilfarrado? ¿En imagen de marca? Oliver jugó en el Barça -motivo por el que, por cierto, condené mi serie de culto al ostracismo- y Benji en el Hamburgo (y luego el Barça nuevamente, para más inri). Así que lo que es imagen de marca, poquita.
_España es la octava potencia económica del mundo.
Claro que sí. Por qué no. Mientras se matice que es sólo en cuanto a la cuestión económica, todo va bien. Eso, y que los canadienses hagan como que no han oído nada, claro.

De ahí que me pregunte quién reparte aquí carnets de "expertos" y bajo qué premisas, porque algunas listas son tan subjetivas que dan qué pensar.
_Estadística, muchachote. Simple y pura estadística.
Claro. De ahí, de las estadísticas, vendrá eso de "Melendi es hoy el número uno en España", ¿verdad?
Se puede elaborar un histórico de las mejores películas, basándote en la recaudación en los cines (¿Titanic, número uno? ¡Por favor!).
Puedes decir que Michael Jackson es el mejor músico del mundo porque Thriller es el disco más vendido de la historia. Y AC/DC, los segundos. Los Eagles, los terceros. Meatloaf -¡¡Meatloaf!!- el sexto.
_¿Quién? ¿Ese que hacía de actor cutre secundario en pelis de roleros?
El mismito. Claro que también salió en El Club de la Lucha. El tipo de las tetas enormes, ese que abraza a Norton. Sí, ese es el sexto tipo que más discos ha vendido. Del mundo.

Puedes decir que Jackson Pollock es el mejor pintor de la historia porque su "Número 5" es el más caro de cuantos se han vendido en subastas. Y que Picasso es el very best sólo si sumas unos cuántos, porque antes tiene a Klimt y a un tal De Kooning capaz de pintar una cosa como ésta (a la derecha) por la que se han pagado 137 millones y medio... de dólares, eso sí.

Puedes decir que varios autores pseudo-anónimos ostentan el primer puesto de mejores escritores porque su obra lleva 1.700 años encabezando la lista. Harry Potter va justo detrás. Del Quijote no se tienen datos, pero imagino que Cervantes tampoco estará para muchas reivindicaciones.
_Bua que no, figurín [acento de Alcalá]. Acabósele, vivediós, la buenaventura al jodío inglés (Shakespeare) y aparecióme otra guiri (la Rowling) para torturarme. ¡Ni rebajándolo diez maravedíes remonto!
Pero mentiríamos, porque todo el mundo sabe que el libro más vendido del universo es la "Guía del Autoestopista Galáctico".

Es decir, la estadística nos puede dar algunos datos. Pero seguirían siendo incompletos.
Dudo que Pollock sea mejor artista que Picasso o Dalí. Que la Biblia sea realmente un libro legible o que no haya mejores canciones que Thriller. Vale, Manowar no, pero... ¿y la banda sonora de La Misión?
No me creería que alguien dijera que su película favorita es Titanic a menos que ese alguien fuera un infraser ñoño y friki de Di Caprio. No menos frikis que los del Señor de los Anillos, entre los cuales me incluyo orgullosamente.
Y si entráramos de lleno en el capítulo de "mejores blogs", tendríamos que tirar de datos estadísticos nuevamente. Afortunadamente, el de Enrique Dans no está.
Tampoco el mío.
Pero es que yo no soy un experto. Afortunadamente.

27 octubre 2008

Volver a Empezar

video

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Sí, incluso de las mías. Por eso no voy a decir nada acerca del significado de lo que hoy cuelgo aquí -el primero de unos cuantos, tal vez- porque la idea es que cada uno saque su propia conclusión.
No salen caras, no al menos visibles (salvo error por mi parte), por una razón muy sencilla: esta historia no tiene un protagonista único. Esta historia es de esas que vivimos todos alguna vez.

Vale, no puedo dármelas de Kubrik o Scorsese. También es verdad que con 20 euros y una cámara digital no se hacen milagros. Pero creo que he conseguido expresar algo.
La cuestión es... ¿qué algo veis vosotros?

20 octubre 2008

Lujuria

Con esos ojos que apuñalan mi alma. Dos gigantescos zafiros -¿o eran esmeraldas? ¿Quizá ámbar?- perdidos entre brumas grises y sendas brillantes perlas de ónice se clavan en mí, desafiantes, retadores. Libres.
El contorno de su boca se mueve pronunciando palabras que no puedo escuchar. Nada de cuanto pueda decir importa, sea arrebatadoramente hermoso, sea tan maléfico que me conduzca a la ruina. Sólo trasciende un movimiento que logra arrancar de lo más profundo de mi ser la orden de morderlos, de atraparlos entre mis dientes con ansia asesina, con un fervor desquiciado y una delicadeza que no merece.
Un sordo gruñido se abre paso por mi garganta, desgarrada por todo cuanto quiero gritar y no consigo. En su lugar, el silencio que llena el vacío que aún se interpone entre los dos. Su piel arde de deseo, la mía busca quién la acalore y la libere de su prisión de hielo.
Se acerca. Un paso tras otro más cerca de mí y yo tiemblo. De qué, me gustaría saberlo. De temor, de rabia, de impaciencia. Todas y ninguna al mismo tiempo. Ella gime, tan quedamente como el susurro del viento de la primavera. Apenas resuena en mis oídos y, sin embargo, como el más poderoso de los sortilegios, mi cuerpo reacciona y mi mente se enciende como una brasa entre mil fuegos. Aquí, ahora. Por siempre y para siempre. Te haré mía aunque sea lo último que haga.

Aquella loba surca mi espalda con sus garras. Trago saliva, pero no es momento para lamentos. La hora del jadeo llegó. El momento en que los impulsos que me ciegan tomen el control. Respondo agarrándola sin compasión. Ella grita. Pero no es dolor lo que leo en sus ojos. Qué ojos. El brillo cargado de vicio que emana de ellos me posee, me envuelve, me encadena a ella. Atado al insoportable erotismo que percibo entre sus labios ligeramente abiertos, invitándome a realizar cualquier perversión que se me antoje. Poseído por el deseo, le arranco una camisa que apenas cubre mi invitación al pecado. Y a pecar vengo dispuesto.

Aquella hechicera me envenena la sangre. Se agolpa, me hincha, me recarga. Mis fuerzas se multiplican, mi poder se dispara. Mi lujuria se desboca y no conoce límites.
Ella gruñe, muerde, ataca buscando verme desprevenido. Necesito de casi todo para apartarla y, antes de que ella pueda protestar, la silencio abalanzándome sobre sus labios.
Respiro un olor dulce de deseo, un perfume de perdición y tentaciones. Es ella quien lo desprende, y hacia su fuente me encamino sin prisa, disfrutando con deleite del viaje y sus paisajes. Ella abraza mi lento caminar con alevosas ganas, insolentemente paciente. No tendré piedad, aunque ya lo sabe. No la quiere. No busca redimirse. No desea expiarse. No pretende miramientos. Nada de eso tendrá. Juré ante aquellos luceros que jamás concedería cuartel. Mi vida y mi honra le darán merecido cumplimiento.

Aquella guerrera monta un corcel encabritado y desbocado. Una montura indómita, salvaje y fiera. Una bestia que no puede manejar. Le aguijonea, le muerde, busca someterle sabiendo que es ella la sometida. Grita, jadea, solloza de puro éxtasis cuando la jinete metamorfosea en cabalgadura. Pero no es su amo quien, agarrado a sus crines, la lleva por sendas jamás sondadas. No, él jamás será su dueño. Pero durante el lapso en el que son uno y son dos, sueña que lo es. Aúlla su rendición, aunque no suplica clemencia. Nunca. Antes se dejaría desollar. Exige un castigo más fuerte, una condena más larga y duradera, un viaje todavía más intenso. Saborea el sudor que todas las pieles expulsan con tanto ímpetu que se condensa en un vapor salado cargado de lujuria. Sucia, furcia, pervertida. Placer, placer, placer.

Peleamos. Ella ataca, yo ataco. Yo me ensaño, ella se regodea. Ella araña, yo azoto. Yo gimo, ella jadea. Ella susurra, grita, ordena... yo obedezco. Yo impongo, ella complace. Peleamos.

La batalla termina cuando no queda ya nada que entregar. Cuando, rebuscando en lo más hondo, nada hay que pueda ser tomado. Desfondados, abatidos, agotados, somos dos estatuas esculpidas en carne unidas en una única obra. Un par de almas en pena que se fusionaron y volaron pero que deben ahora disolverse. Porque ni tú eres mi señora ni tú me perteneces. Así por cierto será, todas las veces que volvamos a cruzar miradas.
Con esos ojos que apuñalan mi alma.

16 octubre 2008

Recuerdos tontos

¿No os pasa a veces que estáis viendo la tele y, de repente, sin ninguna razón aparente, os viene un nombre conocido a la cabeza? No, no el de un famoso. Tampoco el de un personaje ficticio. Me refiero al nombre de una persona que hace mucho tiempo que no ves y del que no volviste a saber nada desde entonces.
De acuerdo, no es la actividad favorita del urbanita un miércoles por la noche. Y admito que el tema es un poco chorra y muy cogido por los pelos.
Pero, por otra parte, quiero pensar que no soy el único al que le pasa. Porque hoy me ha pasado, y no es la primera vez.

Se supone que la mente humana es selectiva, al menos en lo que respecta a la memoria. Retiene imágenes -a veces, pequeños vídeos- que no siempre tienen sentido para uno mismo pasado el tiempo. También se supone que los recuerdos no comienzan a "grabarse" en serio hasta pasada una edad, de suerte que parece como si apareciéramos en la vida, así, de golpe y porrazo, con el primer recuerdo que guardamos.
Un tema que me ha fascinado desde siempre es cómo asociamos algo concreto -un movimiento, una imagen, un lugar- con personas que han estado con nosotros desde esos primeros recuerdos. Cuando, por ejemplo, enciendo un cigarro me acuerdo de mi colega B, que empezó a fumar al mismo tiempo que yo. Pero esa es relativamente fácil, sólo han pasado algo más de diez años.
Puedo recordar la primera mujer que me gustó. S. Un ángel rubio de ojos inmensos y azules. Cinco primaveras muy bien llevadas a la que apenas le dije más de dos palabras seguidas. Más de veinte años nos contemplan desde entonces y sigo sabiendo cómo se llama y quiénes eran sus amigas del colegio. Ahí es nada.
Rizando el rizo, hoy me he acordado de una de esas amigas viendo a un tipo por la tele haciendo lo mismo que hacía ella. No me hizo falta estrujarme la cabeza, el nombre me vino de corrido.

Ahora bien, si de repente me la encontrara por la calle y le comentara la escena que recuerdo con nostalgia de los grandes buenos tiempos, ¿qué pensáis que ocurriría? Muy probablemente ella me miraría con cada de no saber muy bien qué decir. Y no porque me considerara un bicho raro, sino porque ese recuerdo no lo tiene del mismo modo que lo tengo yo y, por lo tanto, no puede acordarse. Por mucho que le hablara de mí, nunca sabría quién pelotas soy.
"Es que ha pasado mucho tiempo, es que la memoria es muy mala, es que soy un poco despistada"...

Entiendo que para el ego de cualquiera eso es un pequeño disgusto. Para el mío, que tiene su tamaño, también podría serlo. Pese a todo, sabemos que estas cosas ocurren, que muchos recuerdos son caprichosos y no guardan un sentido lógico que otros, por ser intensos o representar un momento crucial de nuestras vidas, sí tienen.
_¡Coño, Povedilla!
_Disculpe, ¿le conozco?
_¡Soy yo, hombre, Fernández!
Fernández es un tipo bajito, bigotón y calvete que recuerda perfectamente el nombre de todos los compañeros de clase de primaria. Povedilla, rubicundo y grande, es uno de ellos.
_Lo siento, no termino de caer...
_¡Pero si nos sentábamos juntos en quinto!
Ni por esas. Murmurando una disculpa inteligible, Povedilla pondrá pies en polvorosa preguntándose quién era aquél tipo, ese tal Fernández que mira cariacontecido cómo su viejo amigo del alma de quinto de primaria le ignora.
Un tiempo después le volverá a la cabeza aquella anécdota. Picado por la curiosidad, buscará en altillos y cajas, en casa de su madre, las cosas que guarda de la época del colegio. Y entonces, al ver la tapa del libro de lengua de quinto, se acordará de aquél chaval que se sentaba a su lado, bajito y cachazudo, con el que pasaba tan buenos ratos.
La ciencia distingue entre recuerdos espontáneos y sugeridos. En publicidad también se habla del tema, pero con otro cariz. Los recuerdos espontáneos son los que tiene Fernández, que aún se sabe de carrerilla la lista de clase. Los sugeridos, libro de lengua mediante, los de Povedilla.

El abuelo os puede decir las alineaciones de su equipo desde la temporada 50-51. El tío rockabilly, las canciones del Appetite for Destruction. La tía del pueblo, los participantes de la primera edición de Gran Hermano. Sí, hasta el de "quién me pone la pierna encima" -¿qué fue de él? ¿Murió finalmente apisonado?-. Tu viejo amigo, el primer bar donde se emborrachó.
Este tipo de recuerdos no requieren que nadie replique a su vez. No hay nada en juego, salvo la propia memoria. No creo que pase lo mismo con personas con las que sí has tenido un contacto más directo, más íntimo.
Dado que los recuerdos son tan caprichosos, habrá de quiénes te acuerdes... pero también los hay olvidados.
Una noche, hará ya unos años, se me acercó un tipo en un garito. Me dio un abrazo y me sostuvo la mirada sonriente. No tenía ni la más remota idea de quién era ese tío, pero por lo visto él sí sabía quién era yo. Como veía que no terminaba de caer sobre quién se supone que debía ser, intentó echarme una mano:
_Macho, jugábamos juntos todas las mañanas en el parque, ¡tienes que acordarte!
Terminó de estropearlo, claro. ¿Cómo iba a acordarme yo de con quién jugaba con cinco años?
Pero, de hecho, me acuerdo de muchas personas de esa época. Nombres que no volví a pronunciar pero que siguen presentes. S es sólo uno de muchos, y no el más importante.
También he experimentado el lado amargo de ser un olvidado. Para este tipo de cosas nadie se libra, para bien o para mal.
Esta noche me he acordado de A. En mi vida no representó nada, apenas tuve trato con esta persona, no era más que otra cara más, de las muchas que veía a diario, con la que no interactuaba. Pero me ha venido de repente a la cabeza mientras veía la televisión.
Y, por un momento, recordé otros tiempos.
Con una sonrisa enorme.

13 octubre 2008

Cambios

He hecho algunos cambios en el blog (teóricamente para mejor, pero siendo como son las 4 y media de la mañana y lo que me ha costado con el jodío xml... no sé si felicitarme o tirarme por la ventana) así como muy 2.0 y tal. Pueden gustaros o no, a lo que me someto con todas las de la ley. Ya podéis tirar tomates, ya.
_Hombre, no está tan mal, aunque... ¿dónde está la encuesta?
¿Aquéllo? Total, por lo visto no terminaba de funcionar bien. Y para 2 votos que había...

Así, por encima, os explico un poco cómo van los cambios. En lo sustancial no ha cambiado nada (¡espero!), por lo que podréis seguir haciendo lo mismo de siempre: leer y poco más, que de eso se trata.
_Oye, que a mí me gusta meter baza si el tema se presta.
Pues por mí perfecto. Eso tampoco ha cambiado.
Lo que ha cambiado:
-Ahora se pueden buscar posts en el simpático recuadro blanco que hay con una especie de lupa oscura y opaca. Otra cosa es que tengáis algo que buscar, pero... es un comienzo.
-Al tener ahora 2 barras laterales en lugar de una, es más fácil navegar. Y, qué coño, queda bonito. De hecho, lo he puesto porque queda bonito.
-He añadido un apartado, "Últimos comentarios", por si os interesa. La mala noticia: no salen los míos, aunque si pincháis en "Comentarios (RSS)" sí aparezco. La buena: yo (y el mundo) podré enterarme si decís algo en entradas más antiguas.
-Además, podréis escribir comentarios sin tener que hacer todas las chorraditas que había que hacer antes: veréis la "cajita" debajo de estas líneas.
-Las pestañas (Vacío, vacío... etc) todavía no las he tocado, pero es lo próximo que toca. Tengo pensado organizar esto un poco mejor y, por ejemplo, dedicar una a mi serie "Cómo mola Buick Dos Amantes" y otra a "Por qué no llevo un burro catalán pegado en mi coche"... veremos.
Y poco más. El pie del blog es de "obligado" mantenimiento, por aquello de que no es obra mía, copyright y pajazas de esas.
_Hasta que te harte, je supose.
Suponemos bien.

PD. He tenido que reponer el contador de visitas. Pero puedo deciros (orgulloso y todo) que, esta noche, alcancé la sagrada cifra mágica de 6.000 visitas. ¡Me congratulo!