08 enero 2008

Me río de mí mismo

Vuelvo a la rutilante rutina -exasperante, por el momento, puesto que no hay mucho que hacer- pensando de qué o quién voy a reírme hoy.

Y pensando, pensando, he llegado a la conclusión que para 4 gatos (contados, que os tengo localizados, ojito) que sois los que entráis aquí a leer mis pajas mentales, creo que os merecéis que hoy haya algo sabroso. Por ese motivo, de quien voy a reírme hoy... es de mí mismo.

Como creo haber dicho ya en alguna ocasión, soy el típico que intenta disfrazar sus más que evidentes fracasos académicos vistiéndolos con otros títulos con los que disimular un poco la Gran Era Vaga que dominó mi vida los últimos 7 años de mi vida... bueno, no, en realidad, he sido vago siempre. Creo que no viene de familia.
Así las cosas, digo que soy publicista porque trabajo en una agencia de publicidad (por el momento), eso sí, con contrato temporal -que, por cierto, termina en pocos días y estoy que no me llega la camisa al cuerpo- y sin funciones específicas asignadas.
Digo que soy escritor porque llevo ya unos cuantos añitos escribiendo una novela que, al paso que va, conseguiré terminar el mismo año que España gane finalmente el Mundial... lo que podría no suceder nunca. Siempre pensé que me encantaría poder vivir de ello, aunque claro, si voy a razón de una novela por lustro, muy bien se me tendría que dar para poder llevar ese ritmo. Y algo me dice que no, que tendría que ser bastante más prolífico.
Le dije una vez a una chica para impresionarla que soy productor musical porque he hecho alguna que otra remezcla. Impresionante, ¿eh? Coger tres o cuatro canciones y mezclarlas en una sola ya me convierte en "productor". Juas.
A esa misma chica le dije que era abogado. Lo que no le dije, claro, es que me faltan casi 3 años de carrera para poder optar a serlo. Pero esos son detalles sin importancia y una historia demasiado complicada como para comprimirla en una frase, ¿verdad? A no ser que me diera un arrebato sincero: "vale... uh... esteee, sí, no he acabado la carrera, ¡qué pasa!¡Merezco vivir!".

Luego tenemos ese pequeño cúmulo de manías que me hacen ser demasiado complicado para todo el mundo. Necesito mucho espacio para mí, en ocasiones demasiado. Puedo pasarme hibernando más tiempo que un oso y no me afectaría más de lo que lo haría un trabajo alienante. Soy pasota y dejado, y si encima tengo algún problema con alguien lo dejo correr porque el miedo o el dolor me imprimen aún más pasotismo. "Que le den" suele ser el topicazo habitual con el que despacho a esta gente.
No consigo tener realmente momentos en los que disfruto haciendo algo. No, al menos, desde hace tiempo. Si quiero ver una película con todo el tiempo del mundo por delante y la casa entera para mí acabo quejándome de lo incómodo que es el sofá, de cómo me duelen las rodillas o de por qué el Sol no me hace un favor y se funde antes de que tenga que levantarme a cerrar la persiana. Y así con todo. Me quejo de vicio como si tuviera 70 años y fuera un jubileta de esos que ves sentado en los bancos de los parques criticándolo todo y a todos: "las niñas de hoy en día son unas indecentes, ¡mira qué pintas!" (al tiempo que babea cuando repara en ese escote y en el volumen de unas tetas que hace 50 años no existían ni por accidente, cosas de la evolución, la mezcla de las especies y la cirugía estética).
Ah, no olvidemos que soy de esos que son capaces de quedarse en los huesos sólo para no tener que levantarse a cocinar o salir a comer. Debería plantearme presentarme al Guiness de la vagancia. Perdería seguro... por vago.

Ahora le tocaría el turno a alguna cualidad que, en clave irónica, compensase un poco tanta mala baba sacada de lo más jondo. Qué puedo decir, normalmente la gente civilizada intenta no sacar a luz sus mejores virtudes por aquello del qué dirán y las ganas de parecer humildes, aunque internamente todos nos morimos por ser reconocidos... ¿me atreveré a ser como Del Nido o Risto Mejide y parecer gilipollas pero cool y transgresor? Bueno, de eso se trata, estoy satirizándome a mí mismo... y de ahí saco mi primera buena noticia para el mundo: "¡eh! ¡Tengo sentido del humor! ¡Puedo ponerme a caldo sin autolesionarme!". De hecho, me río de todo y por todo (como el jubileta, pero en risa). ¿Veo unas buenas tetas? Me río.
_¡Niñaaa!¡Pero qué par de ojos que tienes! ¿Puedo frotarme en ellos?
¿Me molestan? Me río. Basado en hechos reales:
Amigo de turno: Huy, qué cosas, acabo de liarme con tu novia delante tuyo.
Yo: ¡Jajaja! Qué, te resbalaste y caíste sobre ella, ¿no? ¡Corre a lavarte la boca, insensato! ¡Jajaja! ¡Te mataré! ¡Jajaja!
¿Estoy nervioso? Me río.
Posible jefe entrevistándome para un puesto: ¿Qué tal anda su nivel de inglés?.
Yo: ¡Jajaja! ¡Verigüel manuel! ¡Jajaja! ¡Te mataré!
¿Algo no me hace gracia? No me río [salvo con J, él sabe hacer que acabe deseando morir antes que seguir descojonándome de ese modo casi histérico aunque sea una chorrada].
Colega: ... y entonces el otro le dice "no, yo soy un pato"... ¡jaja! ¡Un pato! ¿Lo coges? ¡Jajaja!
Yo: ... (con la típica sonrisa foraza y asintiendo por hacer algo porque no consigo verle la puta gracia y, si la tiene, pues como que tampoco merece una carcajada de las mías).
La pregunta del millón es si yo me río cuando algo me hace gracia. El problema es que todo me hace gracia. Así que río.

Y, bueno, supongo que podría decir alguna otra cosa buena. Veamos... hum... no, esa no. Esa... buf, no sé... ¿vale lo de que nadie me gana al Europa Universalis III? Ah, claro, que ni siquiera sabes de qué hablo. Cachis.
¿He dicho ya que soy de risa fácil? ¿Sí? Coño.
¿Hablar mal es bueno? ¿Tener tatuajes? ¿Saber cosas estúpidas como que la palabra "ojo" es un grafismo de la fisonomía facial humana (las "o" son los ojos y la "j" la nariz) encontrada por casualidad al traducir el "oculus" latino al romance? ¿Fan de los Simpson? ¿Tener pecas? No sé... ¿tener una pulsera en la muñeca? ¿Y si son 2? ¿Tampoco? Joder, qué especialitos sois, ¿no? ¡Jajaja! ¡Pues que os den! ¡Muajaja!

Ah, sí, lo olvidaba: estoy loco. De capirote.

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